El ritual de las quintas de Lovaina

Miguel con el guía y uno de los componentes de una quinta

El ritual de las quintas de Lovaina tuvimos la suerte de vivirlo en nuestra reciente visita a esta ciudad de Flandes, un rito importante para los hombres.

Fue una coincidencia que nuestra última visita del viaje por Flandes fuera en Lovaina, fue una coincidencia que fuera el día de San Abraham, y fue una coincidencia que viésemos varios grupos de quintas por el centro de Lovaina.

Nuestro guía Ivo Schenkel, un señor increíble, jubilado y que hace unos años se formó para ser guía local, al encontrarnos a varias cuadrillas de hombres bien vestidos pero iguales, nos contó la historia del ritual de las quintas de Lovaina.

Todo comienza cuando los hombres (es una tradición masculina) cumplen cuarenta años y realizan un viaje de carácter social y filantrópico y culmina a los 50 (diez años después) el día de San Abraham con una celebración ante la estatua de este profeta. Cada quinta escoge una medalla, una bandera y un uniforme distintivos. Además cuentan con un padrino perteneciente a una quinta diez años más vieja (60 años). La quinta solo se extingue con la muerte del último superviviente. Se caracterizan porque adoptan valores intergeneracionales de apertura, amistad, solidaridad y dedicación a sus miembros y a su ciudad. No importan las diferencias sociales, políticas, religiosas o familiares. Los dos únicos requisitos que se exigen son: pertenecer al sexo masculino y haber nacido el mismo año. Tenéis una información fantástica aquí. Forma parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Personalmente, me pareció apasionante tanto la preparación durante una década y el trasfondo social y democrático que subyace en esta celebración, pero mis emociones estaban por llegar.

El caso es que cuando nos lo estaba contando Ivo, se acercó un componente de una de las quintas hablando es español, y ocurrió una de esas cosas mágicas que únicamente suceden cuando viajas y te sumerges en los lugares como un local.

Quisimos continuar la conversación en inglés pero nos pidió que hablásemos en español ya que quería practicar y de hecho lo hacía fenomenal incluso con giros que son muy “nuestros”.

No nos dijimos como nos llamábamos, no hizo falta, fue una conversación de unos 15 minutos ya que lo reclamaban los “quintos”, nos contó que había viajado a España y que próximamente lo iba a hacer al sur, para practicar el español. Sabía 5 idiomas más que imagino los hablaba todos perfectamente.

Hablamos de viajes, de nuestro trabajo, del ritual de las quintas y de lo orgulloso que estaba de pertenecer a la quinta del 65 (50 años), nos presentó al padrino de su quinta, un señor encantador que tenía 60 años, como mandan las normas.

En fin, historias humanas de esas que recuerdas siempre y que cuando te preguntan por alguna anécdota enseguida te viene a la mente.

Gracias a todos por acompañarnos en este viaje

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